Indicadores del éxito personal

07/11/2019

 

El triunfo no es una meta, sino un estado que podemos alcanzar si somos capaces de salir de nuestra zona de confort

 

¿Quién no desea lograr el éxito en la vida? Si tuviéramos que definirlo, diríamos que consiste en alcanzar ciertos objetivos, tener dinero o poder. Hay respuestas para todos los gustos. Si reflexionamos un poco más, comprobaremos que la mayor parte de los indicadores que utilizamos son externos y exhiben más poder que éxito. Mirarlo desde ese punto de vista encierra una trampa: si alguna vez logramos alguno de los objetivos es fácil que nos inunde una sensación de vacío importante.

 

El asunto solo se arregla cuando nos fijamos otra aspiración. Por eso, es más interesante definir el éxito, no como un lugar o una meta, sino un estado, una sensación. Consiste en ser feliz con lo que se hace, en ser cada vez mejor y en tener un equilibrio en todas las facetas de nuestra vida.

El éxito interior es más integral, toca cada una de las facetas de nuestra vida, se apoya en nuestros valores y, además, es sostenible en el tiempo. Lógicamente no es perfecto. Es imposible lograr ese nivel, pero estar feliz con nosotros mismos y con lo que hacemos genera una profunda satisfacción que podemos medir basándonos en 6 puntos:

 

1. Paz interior: El éxito se puede valorar por el número de horas que descansamos, aunque pueda sorprendernos. Los problemas constantes para dormir suelen ser un reflejo de una preocupación, de un conflicto no resuelto o de algún tema que nos corroe.

 

2. Trabajar por un propósito: La satisfacción de lo que se hace tiene un impacto positivo en la vida de los demás. No hace falta que sea una empresa grande, basta con cuidar a un familiar, dirigir adecuadamente un equipo de personas o, sencillamente, tener unos valores positivos. Contar con un propósito y trabajar en él es uno de los grandes éxitos que podemos alcanzar en nuestra vida.

 

3. Desarrollo de potencial: La convicción de estar explotando al máximo las capacidades que tenemos. Por eso, cuando poseemos un talento al que no sacamos partido nos genera cierta frustración. Un ejemplo claro lo podemos ver en el trabajo cuando desarrollamos una tarea y pensamos estar más cualificados.

 

4. Estar aprendiendo: La sensación de estar creciendo y progresando como ser humano es una de las motivaciones más profundas que poseemos, junto con la de contribuir a un propósito. Resulta frustrante creer que estamos estancados en el trabajo o en nuestra vida personal.

 

5. Buenas relaciones personales: La capacidad para construir y mantener relaciones que enriquecen y suman es un indicador de éxito y de profunda satisfacción.

 

6. Ética: La autoridad moral para decir que mentir, robar o cualquier otra conducta negativa es inadecuada. Poder aseverarlo porque nosotros no incurrimos en ello nos genera tranquilidad de espíritu y paz interior.

 

En definitiva, podemos concluir que el éxito no es una meta, sino un estado que podemos alcanzar si somos capaces de salir de nuestra zona de confort. Basta con enfocarnos en los indicadores descritos.

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Fuente: https://elpais.com/

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